La inteligencia emocional
- Edgar M. Septien
- 6 oct 2024
- 2 Min. de lectura
Todo nuestro alrededor se mueve por emociones. Me atrevo a decir que las emociones se encuentran presentes en cada aspecto de nuestras vidas. Elegimos una carrera profesional por la emoción que nos crea el desarrollarnos en el medio. Escogemos una pareja por esa sensación interna al estar con esa persona. Nos quedamos con ciertos amigos por ese entusiasmo que sentimos al estar juntos.
Estos ejemplos se pueden extrapolar al ámbito tanto estudiantil como profesional de la medicina. ¿Por qué estudiamos lo que estudiamos? ¿Estudiamos esta carrera por lo que nos hace sentir internamente o lo hacemos por el estatus que nos da al responder con la frase “estudio medicina”? El campo profesional de la medicina es un lugar muy cruel emocionalmente hablando. Es posible presenciar desde el inicio de la vida como el fin abrupto de la misma, ambos caminos inundados por lágrimas. Lágrimas de emoción por la llegada de un nuevo integrante a una familia o lágrimas de tristeza por la partida de un ser querido. Del lado del paciente, es completamente comprensible que exista un sube y baja de emociones. Tanto de felicidad por terminar una quimioterapia o una inmensa tristeza por conocer el tiempo restante de vida. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos del lado contrario de la hoja. ¿Será que el médico tomó cursos para poder dar noticias altamente sensibles? ¿Será que el médico está hecho de acero para no sentir nada al momento de abrir un paciente por la mitad? ¿Será que tantos años de práctica y experiencia conviertan al profesional de la salud impermeable a los sentimientos? Pocas veces volteamos a ver el tema de la inteligencia emocional dentro de quienes cuidan nuestra salud. Es bastante anormal el exponerse constantemente tanto a la vida como a la muerte sin poder sentir ningún tipo de emoción. Tal disparidad de experiencias predisponen a los médicos a un alto riesgo de inestabilidad emocional, rozando los niveles de depresión y el suicidio.
Por supuesto, la inteligencia emocional no solamente es de importancia en el campo médico. Es difícil no dejarse llevar por las emociones, ya que muchas veces es lo que más nos atrae o nos repela para tomar cierta decisión. Sin embargo, el dejar las emociones por un lado y ser lo más fríos y objetivos posibles es lo que nos acerca a decisiones más certeras. Es probable que el olvidarse de las emociones es lo que le permite a un médico el poder recibir a un recién nacido por la mañana, firmar un certificado de defunción por la tarde y cenar con su familia por la noche. Un día más en la oficina.
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